Bajo el nombre de alteraciones del pie entran las formas de pie que se apartan de lo habitual y que, al repartir el peso de otra manera, acaban dando problemas. No siempre hay que tratarlas. Hay que valorar si duelen, si limitan y si están provocando compensaciones más arriba.
Pie plano
El arco interno es más bajo de lo normal o no existe, así que la planta contacta con el suelo en más superficie. En niños pequeños es normal y suele corregirse con el crecimiento. En adultos, cuando da síntomas, se trabaja con plantillas que devuelvan el reparto de carga a su sitio.
Pie cavo
Lo contrario. El arco es demasiado pronunciado y el pie es más rígido, así que el peso se concentra en el talón y en el antepié y queda poca superficie en medio. Da metatarsalgia, durezas en la planta y con frecuencia tensión en el gemelo.
Hallux valgus o juanete
El dedo gordo se desvía hacia los otros dedos y el hueso sobresale hacia fuera. Duele por el roce con el zapato y por la propia articulación. El tratamiento conservador no endereza el hueso, pero sí frena la progresión y quita el dolor del día a día, con siliconas separadoras, plantillas y calzado adecuado.
Pie valgo y pie varo
En el valgo el talón se desvía hacia fuera y el pie parece caer hacia dentro. En el varo ocurre al revés, el pie se apoya sobre el borde externo. Ambos provocan inestabilidad al caminar o al correr y suelen ir acompañados de una desviación de rodillas o piernas.
Pie equino
El pie queda en flexión permanente hacia abajo por acortamiento de los tejidos de la parte posterior. Los niños con pie equino caminan de puntillas de forma habitual, no por juego.
Qué se hace con estoPrimero un estudio de la pisada para ver qué está compensando el cuerpo. Después, tratamiento ortopédico. La cirugía se reserva a los casos en que lo conservador no basta.